Agua

Mamá me enseña de todo. Hace preguntas y las responde ella misma, y me contó lo de mi caída. Ahora me está leyendo Moby Dick y he aprendido qué es un leviatán. Además, tengo muchas cosas en común con Ismael, el protagonista: nos llamamos igual —aunque a mí me dicen Isma—, pensamos mucho y a los dos nos gustan las aventuras. Espero que mamá no deje el libro a la mitad. Estoy deseando saber cómo acaba, si Ismael consigue escapar del último ataque. Así seguro que yo también encuentro la forma de salir de esta piscina oscura y seca.

(Relato finalista del concurso  Wonderland de RNE).

Banda sonora

Lo nuestro empezó a ritmo de Hey Jude, fueron tardes de guateque, vinilo y primeras veces. Después, con los años, aprendimos a rebobinar las cintas con un boli y a grabar nuestras canciones preferidas de la radio, pero el locutor siempre nos estropeaba el final. Pensamos que nuestros problemas habían acabado con la llegada del cedé aunque aquella calma duró poco; el mp3 nos abrió un mundo —infinito— de posibilidades y la música en streaming terminó por saturarnos. Así que tengo que admitir que esto de volver al tocadiscos, en plan retro, ha sido una buena, una buena, una buena…

 

(Relato finalista del concurso  Wonderland de RNE).

Alta infidelidad

Ni afinado ni sostenido, el clímax de la balada, el heroico solo vocal, puños en alto, ha resultado tan memorable como chirriante. En medio del escenario, la gran estrella pop del momento aguanta el tipo a duras penas, con el eco de su gallo aún resonando en el plató. Varios pulsos más tarde, justo en el instante en que el primer meme surge en la cabeza de un telespectador de Jaén, la banda retoma el tema con profesionalidad y los últimos punteos dan paso a unos tímidos aplausos del público.

Y en la sala de realización su mánager vocifera, rojo de ira, viendo cómo la opción del especial de Nochevieja salta por los aires, maldiciendo el momento en que aceptó la actuación en directo por un cero más a la derecha. En cuanto consigue recuperar mínimamente el control, después de destrozar una reproducción de Las meninas en el pasillo, empieza a contar con los dedos, temblorosos, de su mano, para no perderse:

La chica de la limpieza en el hotel. Pulgar arriba.

La groupie que hizo subir a su habitación. Levanta el índice.

Y el azafato francés, en el baño del avión.

Pero sigue sin entender cómo su representado, con sus cuatro octavas de registro, ha maltratado esa nota final. Hace años que es su mentor, que conoce sus debilidades, y el sistema de bajar un tono al repertorio por cada encuentro sexual del día nunca le había fallado antes. Y tres han sido hoy, repasa de nuevo, tan concentrado en sus erectas falanges que no ve pasar a su mujer, todavía algo despeinada, de vuelta del camerino.

(Relato ganador de febrero del certamen #DoReMicrosViajero de Me suenan tus letras. Tema: GALLO)

Litros, segundos, toneladas

El armario donde acababa de encerrar a su muñeca fue el mejor refugio que encontró para ella. Situado junto a la litera superior, tenía apenas ciento veinticinco litros de volumen, pero formaba parte de las dos quintas partes del camarote en las que Tammy aún podía creer que su papá volvería enseguida. En las otras tres restantes, los acordes que llegaban desde la cubierta de botes sonaban amortiguados, y el agua dolía.

 

(Relato finalista de la semana nº17 del concurso Relatos en cadena de la Cadena Ser.)

Piel de terciopelo

Cuando Marta regresa al apartamento, de buena mañana, ahoga los besos en el fregadero, se despoja de los restos de neón adheridos a su peluca y clava los zapatos junto al espejo. Entonces comienza a tirar del pliegue escondido bajo la nuca y, poco a poco, la piel de un solo uso, las pestañas extralargas y el vestido de encaje se desprenden de su cuerpo con silente rutina. Ya más ligera, limpia de billetes y curvas, observa el reflejo antes de irse a dormir, aunque sabe que la niña, al otro lado, no le aguantará la mirada por mucho tiempo.

 

(Relato finalista del concurso Wonderland de RNE).

Paneles comunicantes

Ha encontrado un nuevo trabajo, para tres semanas. De repartidor. Les mandará algo de dinero, un poco más que la última vez. Yuri ríe cuando su padre le cuenta una historia del bar aunque ya se la sabe. Casi siempre es la misma.

Alisha está prometida. Él es de buena familia y la boda, en dos meses. Raqesh asiente, con la frente apoyada en el cristal de la cabina. Que quizá pueda ir, miente.

Freddy sujeta el teléfono con una mano mientras que la otra, bajo el pantalón, se mueve rítmicamente.

Llega el veinticuatro a Dakar y se quedará hasta el día uno. Son las vacaciones de Navidad aquí, mamá, explica Aminata.

El auricular escupe el ruido del tráfico en Changzhóu. La tercera vez que él se lo repita, ella le responderá que todo va bien.

Danilo reparte una seguidilla de sonoros besos y cuelga, con cuidado, cuando escucha el pitido.

Manuel comprueba que Danilo ya ha acabado: siete minutos, quince segundos a Ecuador. Sabe que pasará un buen rato hasta que salga, se ajuste la gorra, el decoro y pregunte cuánto es.

 

(Relato seleccionado en la convocatoria bimensual de Esta noche te cuento. Tema: Emigrantes)