Grandes esperanzas

Amelia se había fabricado aquellas enormes alas con todo lo que pudo escamotear del trastero. Unió las tapas de los libros de viaje que sus padres guardaban en cajas con restos de veletas y mapas antiguos hasta que la estructura fue lo bastante resistente para batirlas sin que se deformasen. Entonces, decidida, se encaramó al alfeizar de la buhardilla y miró al cielo, apuntando hacia sus sueños antes de saltar. Su madre, alertada por lo vecinos, llegó demasiado tarde para evitarlo; solo pudo ver cómo su pequeña se alejaba de la residencia de los Earhart sobrevolando el océano de espigas.

 

(Relato finalista del concurso Wonderland de RNE).

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