Vivienda a doble altura

La neblina de tecnicismos viciaba el aire de la sala. “Superficie útil” y “bienes gananciales” iban limándole terreno al acuerdo de divorcio. Su abogado afirmaba que aquel peldaño era de subida y el mío, de bajada, y ambos bandos amenazamos con la retirada hasta que, a regañadientes, pactamos enterrarlo con el nuevo tabique. Tras negociar el ancho que dividiría nuestras vidas a partir de entonces, las conclusiones se escarcharon sobre el documento, y éste, a su vez, se dispuso perfectamente centrado en el eje de simetría de la mesa. Así pudimos firmarlo sin tener que abandonar cada uno nuestro lado.

(Relato finalista del concurso Wonderland de RNE).

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