Clic

Cuando me mudé al apartamento, enseguida me di cuenta de que la bombilla del baño parpadeaba. A los pocos días se fundió y opté por cambiarla por una de bajo consumo pero se apagó al cabo de unos minutos. Pensé que era el casquillo el que estaba estropeado hasta que el resto de las lámparas de la casa también empezaron a fallar, una tras otra. Luego fue la tele la que dejó de emitir, más tarde la radio enmudeció y el sol, simplemente, no ha vuelto a aparecer.

Los vecinos empezamos a reunirnos en el descansillo a la luz de las velas para averiguar qué estaba pasando. También combatíamos el aburrimiento contándonos cómo eran nuestras vidas cuando todavía existían los días. Y así es como conocí a Marta y a su perro guía, Dalton. Se había instalado poco antes del apagón. Ella nos enseñó a orientarnos en la oscuridad, y yo, con la excusa de mi torpeza, la visitaba siempre que podía. Desde entonces compartimos paseos por el parque y, a veces, nos quedamos muy quietos mientras escuchamos las hojas mecidas por el viento.

Con su ayuda he aprendido a orientarme por el edificio totalmente a oscuras. Me lo sé de memoria. Por eso me sorprendí cuando descubrí aquel interruptor en el portal, junto a la garita del Agustín. Lo pulsé sin convicción alguna, como el que aprieta el gatillo sabiendo que no quedan balas en el cargador. Pero de pronto todo se iluminó; las farolas, los escaparates, incluso el cielo empezó a tornarse de un ligero tono naranja. Cuando mis ojos se acostumbraron a aquella repentina claridad, pude ver como Marta bajaba con Dalton el último tramo de escaleras. Entonces, volví a pulsar el interruptor. También me sé su rostro de memoria.

 

(Relato ganador del primer concurso #DoReMicrosViajero de Me suenan tus letras. Tema: APAGÓN)

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2 comentarios en “Clic

  1. Pues, aunque el relato es muy chulo, me parece que es muy egoísta por parte del protagonista dejar a todo el mundo a oscuras sólo porque a él ya no le hace falta la luz. Además, aboca a la humanidad a un invierno eterno, quizá a una edad de hielo.
    Pero sí, es un relato muy tierno 🙂

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