El orden de las cosas

Me hacía preguntas constantemente, supongo que como tú. Como todo el mundo. Unas eran recurrentes (si de mayor te parecerías a tu madre, en qué año acabaríamos de pagar la hipoteca, cuándo conseguiría mi Atleti, por fin, una Champions…), pero de un tiempo a esta parte, otras, más circunstanciales, empezaron a asaltar mi cabeza: ¿cuántas camas tiene el Ramón y Cajal?, ¿ganarás la luz de un nuevo día?, ¿deberíamos donar tus órganos?, ¿cuánto tardará mi cuerpo en caer desde el balcón?

He averiguado que las nuevas se resuelven antes y que algunas de sus respuestas están en la Wikipedia.

(Relatos ganador del concurso “Ganarás la luz” organizado por Escuela de Escritores)

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Nos(otros)

Y se ríe, papá se ríe todo el rato gracias a la careta que venía con las pastillas naranjas. Yo he preferido fabricarme una de felicidad más contenida siguiendo las instrucciones del tutorial de YouTube. También te dan unas frases a juego para que tus padres no sospechen. Mamá es la única que ha optado por una expresión de sorpresa, como de muñeca hinchable. No sé de dónde la ha sacado, pero debería pensar en hacerse los agujeros de los ojos porque ahora siempre choca con los muebles de casa. Además, se la oye llorar por debajo y se va a ahogar.

 

(Relato finalista de la XI edición de Relatos en cadena, semana 7).

Coto de caza

La batalla de los Pernía, estirpe de cazadores, ha inaugurado su lista de bajas con doña Leonor, a la que enseguida se ha sumado Ausencias, que, infartada, muestra sus vergüenzas sobre la alfombra persa después de asfixiar a su cuñada con el pañal. La han seguido Tomás (fallecido por múltiples trayectorias de abrecartas), Gemma (impacto de butaca) y Roberto, el mayor de los tres hermanos, al que sus sobrinos han arrojado por el balcón. Así pues, ya solo restan dos contendientes y ambos forman parte de la zona baja del árbol genealógico; enfrentados en el salón, Ana esgrime una lanza con punta de piedra tallada y Tommy, una daga de la colección familiar. Por el momento parecen obviar la presencia del abogado, quien, escondido tras el león disecado, mastica esforzadamente el testamento; está a punto de tragarse la última voluntad de don Matías, cláusula 3b, relativa al heredero universal.

 

(Relato ganador del certamen “León en piedra 2017” para no asistentes a la quedada).

Simulacros

Otra vez suenan las sirenas, sacando al pueblo entero de su letargo. Sus habitantes corren a reunirse en el búnker y allí esperan a que el alcalde dé la orden para regresar a sus hogares, o al Teleclub, donde comentan lo importante que fue construir ese refugio. Cuando esto ocurre, las parejas hacen el amor como si fuese su última oportunidad, los niños juegan hasta tarde en la calle y los viejos devoran la novela que tienen entre manos; todos celebran estar vivos y se prometen no volver a olvidar lo afortunados que son, aunque la guerra haya acabado hace años.

(Relato finalista de la XI edición de Relatos en cadena, semana 2).

La reserva

Entierra la azada, sin ganas, con la convicción de que cualquier avance será borrado por la noche y la tierra sustituida por otra nueva. Aunque tiene que continuar labrando, el grupo tras la cristalera le observa, así que levanta los brazos, inspira, hunde de nuevo la herramienta y se limpia el sudor de la frente con un gesto estudiado. “Oh”, “argg”, o “mirad, está transpirando” escucha entre el sonido de flashes. Pero la atención dura poco, el guía indica a la visita de las cuatro que, en breves momentos, comenzará el número estrella en el pajar.

 

(Relato finalista semanal de Relatos con banda sonora, semana 5, canción: “Me and the farmer”).

Los días dorados

Nuestros veranos son siempre de tres semanas, como aquel primero, y cada año recreamos paso a paso sus veintiún días. Nos cruzamos en la playa, él simula torcerse el tobillo y yo le ayudo a llegar hasta el socorrista, que a veces nos conoce y nos sigue el juego. Nuestros padres ya no vienen a separarnos así que el resto de acontecimientos transcurren algo más rápido. Incluso utilizamos los mismos diálogos, aunque percibo que él acumula frases pendientes en la comisura de los labios. Y bailamos, bailamos como adolescentes, todo lo acompasadamente que nuestras respectivas artritis nos permiten.

 

(Relato finalista semanal de Relatos con banda sonora, descartado por mí al tener dos seleccionados en la semana 4, canción: “Amanecer”).

 

Trance

Seguimos haciendo las mismas cosas que hacíamos antes de aquel espectáculo al que Eva se prestó. La única diferencia es ese molesto silencio cada vez que rodeamos un teatro, o el volver la vista al unísono, como en un partido de tenis, si nos topamos con el cartel de un mentalista. Entonces siempre aceleramos el paso aunque alguno de los dos tenga un cordón suelto, porque así, cualquier día de estos, olvidaremos eso que ella no piensa de verdad.

(Relato finalista semanal de Relatos con banda sonora, semana 4, canción: “Hoy quiero confesar”).