Marido de seda

Ya voy, contestaba, solícito, cuando le pedía que bajase a por el pan los domingos. Ya voy, me susurraba si, de noche, tenía antojo de helado de pistacho y no quedaba. Ya voy, insistía, y giraba como un molinillo, aunque yo no dijese nada. Ya voy, fueron sus últimas palabras antes de terminar de ovillarse sobre sí mismo. Al principio pensé que había otra, que tanta vuelta no era normal, hasta que descubrí que era yo quien tiraba del hilo. Ahora, al menos, la madeja en la que se ha convertido me servirá para hacerle unos patucos al niño.

 

(Relato presentado al concurso Relatos en Cadena de la Cadena Ser, semana 27).

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