Alta infidelidad

Ni afinado ni sostenido, el clímax de la balada, el heroico solo vocal, puños en alto, ha resultado tan memorable como chirriante. En medio del escenario, la gran estrella pop del momento aguanta el tipo a duras penas, con el eco de su gallo aún resonando en el plató. Varios pulsos más tarde, justo en el instante en que el primer meme surge en la cabeza de un telespectador de Jaén, la banda retoma el tema con profesionalidad y los últimos punteos dan paso a unos tímidos aplausos del público.

Y en la sala de realización su mánager vocifera, rojo de ira, viendo cómo la opción del especial de Nochevieja salta por los aires, maldiciendo el momento en que aceptó la actuación en directo por un cero más a la derecha. En cuanto consigue recuperar mínimamente el control, después de destrozar una reproducción de Las meninas en el pasillo, empieza a contar con los dedos, temblorosos, de su mano, para no perderse:

La chica de la limpieza en el hotel. Pulgar arriba.

La groupie que hizo subir a su habitación. Levanta el índice.

Y el azafato francés, en el baño del avión.

Pero sigue sin entender cómo su representado, con sus cuatro octavas de registro, ha maltratado esa nota final. Hace años que es su mentor, que conoce sus debilidades, y el sistema de bajar un tono al repertorio por cada encuentro sexual del día nunca le había fallado antes. Y tres han sido hoy, repasa de nuevo, tan concentrado en sus erectas falanges que no ve pasar a su mujer, todavía algo despeinada, de vuelta del camerino.

(Relato ganador de febrero del certamen #DoReMicrosViajero de Me suenan tus letras. Tema: GALLO)

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Litros, segundos, toneladas

El armario donde acababa de encerrar a su muñeca fue el mejor refugio que encontró para ella. Situado junto a la litera superior, tenía apenas ciento veinticinco litros de volumen, pero formaba parte de las dos quintas partes del camarote en las que Tammy aún podía creer que su papá volvería enseguida. En las otras tres restantes, los acordes que llegaban desde la cubierta de botes sonaban amortiguados, y el agua dolía.

 

(Relato finalista de la semana nº17 del concurso Relatos en cadena de la Cadena Ser.)