Mentiras piadosas

A mi abuelo Eugenio.

 

Reyes quería venir pero se ha sentido algo indispuesta de repente, papá. Aquí te dejo las flores que te ha comprado. Hoy no había quien se comiese su paella, aun así he rebañado el plato para poder ver el partido tranquilo. Los niños están muy grandes, y algo rebeldes, y en el taller, todo bien. El martes vino don Eugenio para la revisión de los cincuenta mil y me contó que le habían ingresado. Parece que tiene lo mismo que tú. También se le cala el corazón, como solías decirme de pequeño. Que seguro que no es nada, le tranquilicé.

 

(Relato finalista del concurso Wonderland de RNE).

Erasmus

Cuando se prendieron las cortinas de la cocina y la alarma de la residencia comenzó a sonar, los estudiantes salieron a la noche blanca y continuaron la fiesta en el punto de encuentro, riendo con diferentes acentos. Los bomberos les permitieron volver a entrar minutos más tarde pero dos de ellos se quedaron algo rezagados del grupo.

Aquella fue la única forma que se le ocurrió para sacarla de su habitación, le confesó Carlos a Julie bajo las sábanas, cuando la nieve ya se había derretido en Helsinki. Y desde entonces siguen celebrando juntos aquel tres de febrero; los años pares toca Santander y los impares, Amberes.

 

When the curtains of the kitchen caught fire and the alarm of the hall was activated, the students went out to the white night and continued the party in the meeting point, laughing with different accents. The firemen allowed them to enter again some minutes later but two of them remained slightly distanced from the group.

Some months later, when the snow disappeared in Helsinki, Carlos confessed to Julie under the sheets that it was the only way he had to take her out of the room. And since then, they continue celebrating that 3rd February together; the even-numbered years in Santander and the odd-numbered ones, in Antwerp.

 

(Relato presentado al concurso Relatos en Cadena de la Cadena Ser, semana 5).

En orden ascendente

Llegué a casa sin enterarme. No recuerdo el trayecto desde la oficina, si había atasco o no, ni dónde aparqué el coche; tampoco abrir la puerta, aunque no saltó la alarma. Iba pensando en lo que me dijiste el día anterior. Lo de dejarlo. Y traía todo un discurso que soltarte al llegar, hasta una lista preparada con diez razones para convencerte. La primera, el viaje a Burdeos que ya teníamos pagado, y la novena, lo del bebé en camino. La última, aunque no me hubieses creído, que jamás te abandonaría. Y tú ni siquiera pusiste la alarma al irte.

(Relato finalista del concurso Wonderland de RNE).

Cocina de autor

Y le manchaba los dedos de harina al entregarle el paquete frente a la puerta trasera del restaurante. Aunque no le importaba su falta de aliño. Hacía semanas que había acordado con aquel chef de dos estrellas Michelin venido a menos un precio que, pensaba, amortizaría en breve. Y así fue. Sergei por fin le confirmó, arrastrando ligeramente las erres, que había dado con la receta lo que hizo despertar en Carlos esperanzas renovadas. Y también nervios de primera cita. Ya solo faltaba disponer la mesa para uno así que apretó el paso, hasta podía percibir la esencia de su amada, deconstruida, bajo finas capas de mousse de chocolate.

 

(Relato presentado al concurso Relatos en Cadena de la Cadena Ser, semana 3).