Mentiras piadosas

A mi abuelo Eugenio.

 

Reyes quería venir pero se ha sentido algo indispuesta de repente, papá. Aquí te dejo las flores que te ha comprado. Hoy no había quien se comiese su paella, aun así he rebañado el plato para poder ver el partido tranquilo. Los niños están muy grandes, y algo rebeldes, y en el taller, todo bien. El martes vino don Eugenio para la revisión de los cincuenta mil y me contó que le habían ingresado. Parece que tiene lo mismo que tú. También se le cala el corazón, como solías decirme de pequeño. Que seguro que no es nada, le tranquilicé.

 

(Relato finalista del concurso Wonderland de RNE).

Anuncios

En orden ascendente

Llegué a casa sin enterarme. No recuerdo el trayecto desde la oficina, si había atasco o no, ni dónde aparqué el coche; tampoco abrir la puerta, aunque no saltó la alarma. Iba pensando en lo que me dijiste el día anterior. Lo de dejarlo. Y traía todo un discurso que soltarte al llegar, hasta una lista preparada con diez razones para convencerte. La primera, el viaje a Burdeos que ya teníamos pagado, y la novena, lo del bebé en camino. La última, aunque no me hubieses creído, que jamás te abandonaría. Y tú ni siquiera pusiste la alarma al irte.

(Relato finalista del concurso Wonderland de RNE).